
Llegamos a Belice desde el norte de Idaho. Estábamos acostumbrados a nueve meses de invierno cada año. Ahora tenemos 12 meses de verano. Cuando a mi esposo, David, se le ocurrió por primera vez la idea de mudarse a otro país, le seguí la corriente. Empezaba a hablar de mudarse a un nuevo país y yo lo escuchaba. A su cara le decía: “Ah, eso es interesante, querido”. A todos los demás les decía: “¡De ninguna manera!

