
No es su imaginación: los precios de los comestibles nos están matando, y el costo de muchos alimentos aún supera con creces lo que solíamos pagar. Lo que nos da dos opciones (desagradables): ganar más o gastar menos. Pero cuanto más gastamos en alimentos, menos hay para otras categorías presupuestarias (especialmente fondos de jubilación y de emergencia). Entonces, ¿por qué no gastar menos cambiando la forma en que compramos? Eso podría significar comer menos…


